“No se muerda las uñas, compañera”, un cuento de Óscar Colchado

La narrativa de Óscar Colchado pertenece a lo que la crítica ha denominado como literatura de la violencia política, donde acompaña a escritores como Dante Castro, Julián Pérez, Pilar Dughi, entre otros. El también autor de Rosa Cuchillo (1997), en el cuento No se muerda las uñas, compañera muestra fehacientemente el miedo y la forma en la que se reclutaba a jóvenes en los alrededores de la provincia limeña en el contexto de la guerra interna suscitada en los años ochenta. Dicho texto pertenece al libro La casa del cerro «El Pino» (2012), el cual presenta una progresión temática que parte desde la cosmovisión andina, pasando por la violencia y finaliza con la convergencia de los temas en el cuento que le da el título. El presente relato manifiesta dos voces narrativas: la primera, en tercera persona, nos ejemplifica la manera en la que se instigaba a los menores a realizar actos “en nombre de la guerra popular”; la segunda, en cambio, se trata de una narradora en primera persona (personificada en la madre), que nos cuenta cómo se reclutaba a los jóvenes para adherirse a las filas Sendero Luminoso. Este cuento, en ese sentido, suscita reflexiones no solo en torno a la guerra interna vivida en el país, sino también respecto al sufrimiento y el trauma de quienes la padecieron.

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“Hypnia”, de Vicente Azar. Selección

Heredero de la escuela surrealista, contemporáneo de Emilio Adolfo Westphalen, Martín Adán y Alberto Tauro, diplomático de profesión y poeta peruano, Vicente Azar es un autor que ha sido muy pocas veces visitado en nuestra tradición literaria. José Alvarado Sánchez, su verdadero nombre, publicó Nueva canción de otoño (1939) y Arte de olvidar (1942). Este último libro fue rescatado en la Antología general de la poesía peruana (1957) de Sebastián Salazar Bondy y Alejandro Romualdo, donde lo indican como “uno de los más finos y desconocidos poetas puristas”. El autor ha sido elogiado por Vicente Gerbasi en la Revista Iberoamericana por su último libro. Fallece en 2004. Compartimos una selección de su texto en prosa poética “Hypnia”.

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A la hora en que el dios hostil desvanece las miradas más hondas, las noches y los días dejan de trepar a las esferas oscurecidas y el cordaje del ansia afloja su tensión, la vida está al fondo del odio, al alado dela mor, en el frío, en el desvelo, en el destino. No es fácil llegar a la ciudad sagrada. Algo se entrevé, sin embargo. Sin embargo, el libro cae de las rodillas, el ave vuela torvamente y su paisaje pronto, se hace nocturno, lejano. Animal de madera penetrado del ansia, el corazón, leve, evidente, recién vive. Se alza el calor, la estación solar desnuda a la amplia luz sus torsos ardientes. En el largo y turbador beso cálido, Hypnia del mediodía reúne la flor de las princesas, el antiguo canto del cisne y la voz desconocida de la niña que huye siempre en el sueño hacia sus puertas blancas, herméticas de rabia.

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Y al describir el día temíamos olvidar el único humo azul que, descubierto en su lontana levedad pesistente, ponía en nuestros ojos, transferido, trascendiendo extrañamente todo su olor mental, hasta ser visión, atisbo, asombro y éxtasis, el peculiar olor del viaje. Mezcla inhumana, azul temblor, prisa, pasión, odio, dulzura, nos vamos sin decir adiós, pensando amar, componer el olvido, mirar fuera del mundo, mirar fuera del sueño. La descripción de un día así, azul, informe, en el que nada más transcurre, sino en el que Elaine pasa sonriendo con su violenta quemazón de coloradas rosas apenas mitigadas por las frescas violetas del Sur y por sus cordiales claveles, es todo encontrado por su dibujo misterioso de mujer recordada cuyo alborozo pintado apresuradamente por el amnésico no tiene sitio en la memoria. Todo es sombra, perfil, paisaje. Y nada ella, ciertamente, perdida su anécdota y su notación. Todo es únicamente Elaine que pasa con sus rosas. Pero no olvidemos el humo azul que oscurece alejándose porque él es en este día el transferido milagro visual que nos conmueve desde una comarca velada de la infancia con su extraño fulgor doloroso y alegre, cuya huella ha desaparecido bajo los ojos que palpitan también, con un asombro agrio y secreto.

“Melancolía”, un cuento dramático de Congrains Martín

Escrito a los 16 años y publicado por única vez en el diario La Crónica, “Melancolía” es una de las primeras muestras que Enrique Congrains nos otorga de los temas y personajes —es decir, el fracaso en el deseo de progreso y los migrantes— que le interesarán en esta etapa de su obra. Titulado como “cuento dramático”, la acción se centra en las reflexiones de Jacinto Retel, un joven provinciano que camina por las calles de Lima pensando en la importancia —o la falta de esta— de la vida y de la muerte. El fracaso se presenta como una especie de bisagra entre ambos conceptos: la carencia del deseo de vivir se atribuye a la misma de algún objetivo concreto; mientras que la muerte se presenta como una alternativa final que el protagonista considera que puede ejecutar. “Melancolía” fue publicado en 1948 y curiosamente, o quizás no, ese mismo año Julio Ramón Ribeyro nos presentaba al hombre de vida gris cuya existencia inútil e insustancial se encontraba marcada tanto por las circunstancias en las que se desarrolló su vida como por la falta de realizar aquello que Congrains nos señala en este relato: hacer algo sobre nuestra propia existencia, así sea algo grande o mezquino. Seguir leyendo ““Melancolía”, un cuento dramático de Congrains Martín”

Tres poemas de El libro de la nave dorada (1926), de Alcides Spelucín

Alcides Spelucín (1897-1976) fue uno de nuestros poetas a quien la crítica de su tiempo elogió por la calidad de sus versos; sin embargo, la nuestra lo ha hecho caer en un relegamiento absurdo que, injustamente, sintoniza con el olvido. Perteneciente al denominado Grupo Norte ―antes Bohemia trujillana―, compartió canteras con personalidades como César Vallejo, Víctor Raúl Haya de La Torre o Antenor Orrego, quien, además, redacta un prólogo bastante sesudo ―como lo hiciera en su momento con Trilce (1923) ―, donde señala la presencia del mar como el elemento cardinal en la obra de Spelucín.

Su poemario El libro de la nave dorada (1926), publicado tardíamente, se inscribe, por el periodo de aparición, dentro de la eclosión de la vanguardia peruana; pese a ello, los poemas poseen un eco parnasiano y una fuerte impronta modernista que lo alejan de la prédica impulsada por los vanguardistas, motivo por el que su libro pasó desapercibido, salvo excepciones como las páginas dedicadas por Orrego o Mariátegui. En tal sentido, y siguiendo con el impulso de nuestras letras, ponemos a disposición tres poemas que dan muestra de la calidad literaria que Spelucín nos ofrece.

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“Crónica de varios planos en el circo”, un relato de Serafín del Mar

Serafín del Mar, poeta y escritor vanguardista, relacionado, además, con el APRA de Haya de la Torre y Magda Portal, nos presenta un relato breve recopilado por Jorge Kishimoto en Narrativa peruana de vanguardia (1993). Seguir leyendo ““Crónica de varios planos en el circo”, un relato de Serafín del Mar”

“Wiñaypaq” y “Katatay”: dos poemas quechuas de Yuli Tacas y José María Arguedas

En el Día de las Lenguas Originarias, compartimos dos poemas aparecidos en el libro Harawikuna Jarawinaka. Quechua / Aymara de Mauro Mamani Macedo. “Wiñaypaq” de Yuli Tacas (Lima, 1988) y “Katatay” de José María Arguedas (Andahuaylas, 1911 – Lima, 1969). Seguir leyendo ““Wiñaypaq” y “Katatay”: dos poemas quechuas de Yuli Tacas y José María Arguedas”

“¡Pálida!… ¡Pero es ella!…”, de Clorinda Matto de Turner

Con el cuento “¡Pálida!… ¡Pero es ella!…”, Clorinda Matto de Turner nos entrega un escrito vinculado con un objeto de la modernidad, una fotografía, y, a su vez, nos narra el límite de la fe y el surgimiento del escepticismo. La fe se relaciona con la existencia del ser amado, al morir este ser la fe hacia Dios se desvanece y emerge el escepticismo que luego se convertirá nuevamente en fe al recuperar una fotografía que retrata al ser amado. Ante este hecho, se observa la presencia/ausencia de un sujeto, la amada, y la función del retrato (fotografía) como instrumento de representación de lo ausente. El estado patémico de la espera –en Aurelio– constituye una de las formas de querer traer lo ausente al campo de presencia, el yo anticipa, en su espacio imaginario, la llegada (observación) de quien aguarda. Si bien es cierto, Matto de Turner es conocida por su famosa obra Aves sin nido (1889), el cuento “¡Pálida!… ¡Pero es ella!…” asemeja su estilo al de los escritores modernistas, por ejemplo, Jorge Miota, quien, según nuestro análisis, presenta la irrupción de la modernidad y, por otra lado, busca la presentificacion de la ausencia a través de cartas. Así, pues, son las cartas y las fotografías objetos que trastocan los recuerdos o, en todo caso, como lo expresa Esperanza “el amor verdadero no acaba con la muerte” de lo que se desprende que la fotografía, imagen duradera, como el amor, perdura en el tiempo.

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