Material de Lectura. La pequeña compañía de Yeniva Fernández

El cuento de originó por un sueño que tuve. En este la historia era más corta, pues se trataba de un hombre que buscaba desesperadamente a su hija pequeña y que, al revisar su dormitorio, encuentra en el clóset de su esposa un zapatito rojo. A partir de esta idea, el trabajo consistió en alimentarlo para darle un sentido más social y con un elemento fantástico.

Yeniva Fernández

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Descubrimiento, un cuento de José B. Adolph

Debido a su extensa producción narrativa (especialmente en los géneros de la ciencia ficción y lo fantástico), José B. Adolph es considerado hoy en día por la crítica literaria un escritor de culto. En 1971 presentó su segunda publicación, Hasta que la muerte,y muchos de los cuentos que formaron parte de ese volumen fueron catalogados de inmediato como “un ejercicio de meditación filosófica”, en palabras de Wolfgang Luchting. De ese libro, seleccionamos el relato “Descubrimiento”porque problematiza el tópico de la muerte desde una perspectiva reflexiva y —por qué no— metafísica. De hecho, no estaría de más señalar que la muerte es una variable recurrente en el universo adolphiano. No obstante, en este cuento en particular, el cuestionamiento sobre la muerte va acompañado, además, de una indagación en el sentido de la existencia, el discurso médico y el binomio eros/tánatos. Lo más interesante es que hacia las líneas finales se nos revela un “descubrimiento” insoportable y liberador al mismo tiempo. De esta manera, la muerte se convierte en el personaje principal del cuento y nos exige que dialoguemos con ella desde otras lecturas y sensibilidades.

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Pasajes, aforismos y reflexiones de Antenor Orrego

Este 22 de mayo se cumplieron 128 años del nacimiento del escritor, periodista y filósofo Antenor Orrego. Miembro del Grupo Norte o la Bohemia de Trujillo, este autor es recordado además por su importante prólogo a la primera edición de Trilce (1922) de César Vallejo, en la que despliega observaciones que serán retomadas por gran parte de la crítica del poemario vanguardista. En esta ocasión, rescatamos su prosa breve, aforismos y reflexiones que realiza, sobre todo, acerca de la condición literaria.

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Dios te salve, de Teresa Ruiz Rosas

Desde sus primeras líneas, “Dios te salve” presenta una plegaria católica (el avemaría) que se ve bruscamente interrumpida por las expresiones racistas de una mujer de clase alta. Así, el cuento se estructura sobre el contraste inquietante entre un discurso religioso (supuestamente piadoso y devoto) y uno racista (claramente despótico y ofensivo): “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres indio qué haces ahí parado, crees que no te veo de tu vientre Jesús indio inútil muévete y haz de una vez la comida que esta niña tiene que irse a su casa qué va a decir su mamá ruega por nosotros los pecadores” (p. 63).  En un conversatorio en la Casa de la Literatura Peruana, Teresa Ruiz Rosas afirmó que se trata de una de las ficciones a la que más guarda afecto pues, al ser su primera publicación impresa, inauguró su trayectoria literaria. No obstante, su valía no solo se reduce a esa confesión personal. En realidad, “Dios te salve” destaca por conjugar cuatro virtudes notables: brevedad, contundencia, cuestionamiento y experimentación. En efecto, en tan solo tres carillas plantea una crítica aguda a las capas sociales más privilegiadas que, a un mismo tiempo que “profesan” la fe y la doctrina católica, incurren en actos de discriminación y violencia. Y, por si fuera poco, su escritura se basa en una transgresión radical con las normas de puntuación y sintaxis, de modo que se demuestra una voluntad por dotar al lenguaje de nuevas formas y posibilidades. Seguir leyendo “Dios te salve, de Teresa Ruiz Rosas”

“¡Pálida!… ¡Pero es ella!…”, de Clorinda Matto de Turner

Con el cuento “¡Pálida!… ¡Pero es ella!…”, Clorinda Matto de Turner nos entrega un escrito vinculado con un objeto de la modernidad, una fotografía, y, a su vez, nos narra el límite de la fe y el surgimiento del escepticismo. La fe se relaciona con la existencia del ser amado, al morir este ser la fe hacia Dios se desvanece y emerge el escepticismo que luego se convertirá nuevamente en fe al recuperar una fotografía que retrata al ser amado. Ante este hecho, se observa la presencia/ausencia de un sujeto, la amada, y la función del retrato (fotografía) como instrumento de representación de lo ausente. El estado patémico de la espera –en Aurelio– constituye una de las formas de querer traer lo ausente al campo de presencia, el yo anticipa, en su espacio imaginario, la llegada (observación) de quien aguarda. Si bien es cierto, Matto de Turner es conocida por su famosa obra Aves sin nido (1889), el cuento “¡Pálida!… ¡Pero es ella!…” asemeja su estilo al de los escritores modernistas, por ejemplo, Jorge Miota, quien, según nuestro análisis, presenta la irrupción de la modernidad y, por otra lado, busca la presentificacion de la ausencia a través de cartas. Así, pues, son las cartas y las fotografías objetos que trastocan los recuerdos o, en todo caso, como lo expresa Esperanza “el amor verdadero no acaba con la muerte” de lo que se desprende que la fotografía, imagen duradera, como el amor, perdura en el tiempo.

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La noche de Walpurgis, de Pilar Dughi | Creación

Pese a no referir explícitamente a la subversión de Sendero Luminoso ni a la represión del Estado peruano, “La noche de Walpurgis” establece vínculos tácitos con la violencia política de los años ochenta. En efecto, el ambiente ominoso, las sensaciones de incertidumbre y ambigüedad, y el constante temor al Otro configuran un escenario de tensión social que trae consigo resonancias del horror imperante de esa época. Pero es acaso el tratamiento de los mitos urbanos, como sostiene Carmen Saucedo (2012), el que mejor pone en evidencia esta observación. Como han demostrado algunos estudios sociológicos, durante esos años circularon leyendas populares que produjeron cuadros de psicosis colectiva en muchas partes del Perú. El sacaojos, el pishtaco y otras tantas figuras siniestras revelaron a una sociedad en crisis dominada por la especulación y el miedo. Precisamente, el relato indaga en esos fenómenos a través de las reflexiones de su protagonista, una mujer que intenta dilucidar la propagación de un rumor truculento entre sus amistades. Y, en ese sentido, es interesante la manera en que demuestra su manejo de referencias académicas y se apoya en herramientas teóricas para lograr que sus meditaciones racionalicen el miedo. El final abierto, sin embargo, ofrece una constatación trágica: el saber cede frente a la potencia del mito. Seguir leyendo “La noche de Walpurgis, de Pilar Dughi | Creación”

“Crónica de varios planos en el circo”, un relato de Serafín del Mar

Serafín del Mar, poeta y escritor vanguardista, relacionado, además, con el APRA de Haya de la Torre y Magda Portal, nos presenta un relato breve recopilado por Jorge Kishimoto en Narrativa peruana de vanguardia (1993). Seguir leyendo ““Crónica de varios planos en el circo”, un relato de Serafín del Mar”

“No se muerda las uñas, compañera”, un cuento de Óscar Colchado

La narrativa de Óscar Colchado pertenece a lo que la crítica ha denominado como literatura de la violencia política, donde acompaña a escritores como Dante Castro, Julián Pérez, Pilar Dughi, entre otros. El también autor de Rosa Cuchillo (1997), en el cuento No se muerda las uñas, compañera muestra fehacientemente el miedo y la forma en la que se reclutaba a jóvenes en los alrededores de la provincia limeña en el contexto de la guerra interna suscitada en los años ochenta. Dicho texto pertenece al libro La casa del cerro «El Pino» (2012), el cual presenta una progresión temática que parte desde la cosmovisión andina, pasando por la violencia y finaliza con la convergencia de los temas en el cuento que le da el título. El presente relato manifiesta dos voces narrativas: la primera, en tercera persona, nos ejemplifica la manera en la que se instigaba a los menores a realizar actos “en nombre de la guerra popular”; la segunda, en cambio, se trata de una narradora en primera persona (personificada en la madre), que nos cuenta cómo se reclutaba a los jóvenes para adherirse a las filas Sendero Luminoso. Este cuento, en ese sentido, suscita reflexiones no solo en torno a la guerra interna vivida en el país, sino también respecto al sufrimiento y el trauma de quienes la padecieron.

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“Hypnia”, de Vicente Azar. Selección

Heredero de la escuela surrealista, contemporáneo de Emilio Adolfo Westphalen, Martín Adán y Alberto Tauro, diplomático de profesión y poeta peruano, Vicente Azar es un autor que ha sido muy pocas veces visitado en nuestra tradición literaria. José Alvarado Sánchez, su verdadero nombre, publicó Nueva canción de otoño (1939) y Arte de olvidar (1942). Este último libro fue rescatado en la Antología general de la poesía peruana (1957) de Sebastián Salazar Bondy y Alejandro Romualdo, donde lo indican como “uno de los más finos y desconocidos poetas puristas”. El autor ha sido elogiado por Vicente Gerbasi en la Revista Iberoamericana por su último libro. Fallece en 2004. Compartimos una selección de su texto en prosa poética “Hypnia”.

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A la hora en que el dios hostil desvanece las miradas más hondas, las noches y los días dejan de trepar a las esferas oscurecidas y el cordaje del ansia afloja su tensión, la vida está al fondo del odio, al alado dela mor, en el frío, en el desvelo, en el destino. No es fácil llegar a la ciudad sagrada. Algo se entrevé, sin embargo. Sin embargo, el libro cae de las rodillas, el ave vuela torvamente y su paisaje pronto, se hace nocturno, lejano. Animal de madera penetrado del ansia, el corazón, leve, evidente, recién vive. Se alza el calor, la estación solar desnuda a la amplia luz sus torsos ardientes. En el largo y turbador beso cálido, Hypnia del mediodía reúne la flor de las princesas, el antiguo canto del cisne y la voz desconocida de la niña que huye siempre en el sueño hacia sus puertas blancas, herméticas de rabia.

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Y al describir el día temíamos olvidar el único humo azul que, descubierto en su lontana levedad pesistente, ponía en nuestros ojos, transferido, trascendiendo extrañamente todo su olor mental, hasta ser visión, atisbo, asombro y éxtasis, el peculiar olor del viaje. Mezcla inhumana, azul temblor, prisa, pasión, odio, dulzura, nos vamos sin decir adiós, pensando amar, componer el olvido, mirar fuera del mundo, mirar fuera del sueño. La descripción de un día así, azul, informe, en el que nada más transcurre, sino en el que Elaine pasa sonriendo con su violenta quemazón de coloradas rosas apenas mitigadas por las frescas violetas del Sur y por sus cordiales claveles, es todo encontrado por su dibujo misterioso de mujer recordada cuyo alborozo pintado apresuradamente por el amnésico no tiene sitio en la memoria. Todo es sombra, perfil, paisaje. Y nada ella, ciertamente, perdida su anécdota y su notación. Todo es únicamente Elaine que pasa con sus rosas. Pero no olvidemos el humo azul que oscurece alejándose porque él es en este día el transferido milagro visual que nos conmueve desde una comarca velada de la infancia con su extraño fulgor doloroso y alegre, cuya huella ha desaparecido bajo los ojos que palpitan también, con un asombro agrio y secreto.