Carlos de la Torre: “Lo tengo bien grabado: hay que crear espacios de participación y lectura para generar desarrollo”.

Por Angélica Ordoñez

Inspirado por la ciencia ficción, los videojuegos y el cine, Carlos de Torre Paredes dejó su vida como politólogo para dedicar todo su tiempo a hacer lo que realmente le apasiona: escribir. Esta semana nos recibió en San Marcos, donde actualmente cursa una Maestría en Escritura Creativa, para contarnos sobre la literatura y su trabajo como difusor independiente de la lectura dentro y fuera de las aulas de nuestro país.

Angélica Ordoñez: Eres Politólogo y Gestor Cultural de profesión, ¿cómo y cuándo te enamoraste de la literatura?

Carlos de la Torre: Siempre tuve ganas de escribir, solo que no lo había descubierto hasta que conocí la literatura después del colegio. Empecé a leer, me di cuenta que podía crear mundos con palabras y me interesó hacerlo. Recuerdo que empecé a practicar mucho, tres o cuatro veces por semana, me sentaba a escribir por horas y así por años.

Hasta que estando en el quinto año de la carrera (Ciencias Políticas), obtengo la mención honrosa en el IV Premio Cámara Peruana del Libro de Novela Breve en el 2012 por Los viejos salvajes —una novela de ciencia ficción— y es a raíz de eso que empiezo a publicar. Me di cuenta que puedo vivir de eso y decido dedicarme solamente a eso. Enfoqué mi carrera a la literatura; he hecho una maestría en Gestión de Políticas Públicas, pues con ello mi intención era aprender más de la Ley del Libro y ver qué se puede hacer desde allí respecto a la lectura.

AO: Hablemos de tus novelas de ciencia ficción, como la saga Herederos del Cosmos que quedó como finalista del IV Premio Cámara Peruana del Libro.

CT: La saga empieza con la novela Los viejos salvajes, pero inicia como un proyecto de cuento: yo estaba contando una historia que surge a raíz de un videojuego. Cuando jugaba me vino una idea, la desarrollé y la terminé; allí observo que había más por contar, con más personajes. Así se convirtió en una novela. Por cosas de la vida, obtiene la mención honrosa y me permite avanzar. Esta novela tiene mucha influencia del terror cósmico, la idea de extraterrestres y naves espaciales, como Alien, el octavo pasajero y El depredador —películas de fines de los ochentas— las cuales tienen una característica parecida: no se plantean como película de terror hasta mucho más adelante y eso es lo que te sorprende. Me pareció interesante esta forma de presentar las historias, por eso, es algo que yo aplico mucho en mis historias.

Todo empieza con un viaje de un tipo que está transportando prisioneros de un lado al otro de la galaxia y, de repente, para escapar de gente que quiere salvarlos, se termina encontrando a extraterrestres que lo atacan. O sea, es más o menos esa dinámica. El tema de la ciencia ficción siempre me ha fascinado por su relación con los videojuegos y con el cine.

 

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AO: Aparte de la creación literaria, te dedicas a difundir la lectura en el Perú. Cuéntanos sobre tus experiencias como Super 20, este proyecto que promueve la lectura en adolescentes.

CT: Ese fue un proyecto bien interesante porque los chicos tenían un training a lo largo del año. Se elaboraron materiales de trabajo, armaron una biblioteca, y se dictaban clases de oratoria. Me invitaron para hacer un taller en el que les hablé de mis libros y los acompañamos en las lecturas para mejorar su comprensión. Era un proyecto integral, muy bonito.

Llevo años yendo a colegios a difundir la lectura, una actividad que surgió de casualidad. A mí me empiezan a invitar a colegios como autor, para hablar de mis libros. Yo iba para hablar de mi trabajo, pero eso implicaba hablar de mi experiencia con la lectura, que había sido trágica  —en un primer momento— porque yo no me llevaba bien con los libros hasta que salgo del colegio, por lo que me obligaban a leer. Empecé a contar eso y cómo es que empiezo a escribir y cómo logro hacer la novela. Me di cuenta que hubo buena recepción del público, les gustó mucho a los profesores porque motivaba a los muchachos a leer y a escribir. A los escolares les gusta leer, es solo que no tienen al alcance algo que les guste, que los motive y, al final, todo lo que hacemos en la vida depende de nuestra motivación.

Esto se ha complementado con el Diplomado que hice en Gestión Cultural, pues empecé a potenciar el tema de fomento de la lectura como algo que había que hacer para generar espacios de participación con la idea de producir desarrollo. Esa es, básicamente, la misión, y se me ha metido muy bien a la cabeza: hay que crear espacios de participación para, de esa forma, generar desarrollo y que, así, la gente pueda utilizar las herramientas que tiene a la mano para vivir como ellos decidan.

AO: ¿Qué tan difícil consideras ser difusor de la lectura en el Perú en estos tiempos?

CT: El Perú siempre ha carecido de espacios de participación; y pese a que tenga algunas publicaciones y todo eso, yo siento que soy un formato alternativo con un público estrictamente alternativo. Entonces, ¿qué tengo que hacer para sobrevivir y seguir publicando en este espacio? Pues justamente, generar espacios de participación en la lectura y fomentar que la gente lea lo que les guste, no solamente lo que se les impone. Todos los escritores tenemos bien en claro que la forma de mejorar la realidad de los escritores en Perú es haciendo que la gente lea.

Tengo amigos médicos o economistas que se dedican a escribir, cuando sus carreras son más rentables. Uno le pregunta por qué decidió dedicarse a la cultura y al arte en general y no lo saben, pero es lo que les apasiona. Entonces, el reto está en habilitar un circuito de participación que involucre un mercado pues, si este no existe, nosotros lo podemos producir.

Hay muchos escritores en Lima y provincias que están creando espacios que permiten algo que no había antes: el contacto con el lector; están abriendo estos espacios de participación. Es un comienzo para cambiar esta realidad. Pero la principal deficiencia es la falta de organización —que viene desde el Estado—  y es lo que nos impide generar políticas adecuadas como grupo para cambiar la realidad. Siguen siendo intentos individuales, cada uno hace ferias y proyectos, pero necesitamos hacerlo de manera integral.

A pesar de todo, el Perú ha cambiado, de lo trágico que fue el siglo XX. Me gusta pensar que el cambio se está dando, a pesar de todas las estupideces que vemos; me gusta pensar que la gente tiene las cosas más claras y que quiere hacer algo.

AO: ¿Qué le recomendarías a una persona que ama escribir pero que le teme al fracaso?

CT: Que no se asuste. Escribir es un proceso que toma años, porque todo el mundo puede hacerlo, así como todo el mundo puede hacer una silla, pero no a todo el mundo le va a salir una buena. Hace falta tiempo y experiencia. Tampoco hay que asustarse cuando el producto no esté listo. Hay muchos que empiezan a redactar y se frustran al ver sus errores. Dicen “Uy, García Márquez no escribía así” (risas), pero no entienden que, primero, no son García Márquez y, segundo, para revisar el texto deben tenerlo ya terminado. No vas a decorar la silla cuando todavía tiene una pata, pues. No deben tenerle miedo ni al texto ni a equivocarse.

Además, sin corrección no hay Literatura, necesitan un training continuo, seguir intentando. Bradbury decía: “Es imposible escribir 52 cuentos malos seguidos”, entonces, tienes que seguir hasta obtener algo bueno.

Rapiditas:

1. ¿Escribir o leer?

Escribir.

2. ¿Clemente Palma o Edgard Allan Poe?

Edgar Allan Poe.

3. ¿Novelas o cuentos?

Novelas.

4. ¿Política o Literatura?

Literatura, siempre literatura.

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