Peña, Oquendo y Portal: tres poemas a las madres

Tres poetas de la vanguardia peruana, Enrique Peña Barrenechea,  Carlos Oquendo de Amat y Magda Portal, y tres poemas dedicados a la madre. El cariño, la ternura y la ensoñación, pero también la angustia y el dolor desgarrado se entretejen en imágenes creadas a partir de las nuevas poéticas de la época.

Enrique Peña Barrenechea

19

Mi madre ha encargado un bosque para mi alegría
gorila.
Mi madre no miente nunca.
Ahora os voy a mostrar el primer paisaje de los sueños.
La gruta rosada de la luna en donde se acarician las
palomas.
Velero rubio que lleva a la novia del alfiler al huerto
de las morsas.
Mi madre sonríe. Y yo estoy al redor de sus cabellos
como los halos de los íconos.

[Cinema de los sentidos puros, 1931, Ed. F. E. Hidalgo.]

Carlos Oquendo de Amat

M A D R E

Tu nombre viene lento como las músicas humildes
y de tus manos vuelan palomas blancas

Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí distante

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura

A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso

Entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos

Porque ante ti callan las rosas y la canción

[5 metros de poemas, 1927, Ed. Minerva.]

Magda Portal

Vidrios de amor

con cuántas lágrimas me forjaste?

he tenido tantas veces
la actitud de los árboles suicidas
en los caminos polvorientos y solos

secretamente, sin que lo sepas
debe dolerte todo
por haberme hecho así, sin una dulzura
para mis ácidos dolores

de dónde vine yo con mi fiereza
para conformarme?
yo no conozco la alegría
carroussel de niñez que no he soñado nunca

ah! – y sin embargo
amo de tal manera la alegría
como amarán las amargas plantas
un fruto dulce

madre
receptora alerta
hoy no respondas porque te ahogarías
hoy no respondas a mi llanto
casi sin lágrimas

hundo mi angustia en mí para mirar
la rama izquierda de mi vida
que no haya puesto sino amor
al amasar el corazón de mi hija
quisiera defenderla de mí misma
como de una fiera
de estos ojos delatores
de esta voz desgarrada
donde el insomnio hace cavernas

y para ella ser alegre,
ingenua, niña
como si todas las campanas de alegría

sonaran en mi corazón su pascua eterna.

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